Andrés Bermea
Un día en abril de 2018 recibí una llamada telefónica personal del Dr. Celso José Garza, Secretario de Extensión y Cultural de la UANL quien tras el saludo inicial me dice: -…“Oye Andrés, Diana Bracho viene a Monterrey para un evento público y quiere hacer un conversatorio contigo, sería el 31 de mayo”… ¡Sí, claro! ¡Con gusto! Exclamé yo. Aunque me sonaba obvio que sería una charla entre los dos, más tarde revisé en el Diccionario de la Academia Española el significado preciso de CONVERSATORIO…
Conversatorio: Reunión concertada para tratar un tema.
Así que aquí el tema sería la actriz Diana Bracho, aspectos de su vida y de su carrera artística. Yo ya tenía un cierto conocimiento de esto pues en marzo había conversado con Diana en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y ahí me adelantó algo.
Sobre Diana Bracho hay información muy abundante de su trabajo actoral en cine, tv y teatro, de su vida familiar con su padre el Director Julio Bracho –uno de los más sobresalientes de la época de oro del cine mexicano-, etc. incluso en YouTube se pueden ver varias entrevistas de muy buena calidad realizadas por profesionales bien acreditados como es el caso de Cristina Pacheco, Oscar Uriel y de mi buen amigo Silvestre López Portillo, yo mismo publiqué ahí un programa de una hora que grabé con ella en 2016. Ahí está toda la información general al alcance de los interesados; Leonardo García Tsao crítico de cine mexicano y quien también fuera director de la Cineteca Nacional de México escribió para el Festival de Cine en Guadalajara un magnífico y bello libro basado en una serie de entrevistas con la actriz; así surgió el reto, un nuevo y muy importante episodio de ¡Sí se puede! en mi carrera profesional… ¿Qué hago para ser original y no repetirme, para no bordar tampoco en lo que ella ya dijo una y otra vez?, ¿Qué hago para no aburrirla a ella ni al público que nos acompañaría?...
Para un diálogo con una mujer excepcional y una de las actrices más reconocidas en México por su talento y brillante carrera actoral, tenía que ir más allá a la hora de ahondar en ella y además presentar el conversatorio de una manera original, con humor, algo completamente diferente a los episodios anteriores en las respectivas carreras de ella y la mía.
La primera etapa era volver a sumergirme en toda la información que pudiera aportar cosas nuevas, había qué cribar algo que sé que Diana detesta, los lugares comunes, los convencionalismos. El enfoque fue entonces concentrarme no en las preguntas qué ya se habían formulado anteriormente, sino en las respuestas que nos daba la actriz, en extraer como si fueran “pepitas” de una mina, aquéllas palabras, expresiones y actitudes que pudieran conducir a un nuevo y rico filón por explorar. Tenía que además poner especial atención a su lenguaje corporal, a sus ojos y forma de mirar, a las inflexiones de su voz, los movimientos de las manos, etc. En Diana Bracho, todo habla de ella misma. Había que agudizar el sentido de la observación.
Me parece por demás lamentable toparme con periodistas mediocres que no preparan a conciencia sus entrevistas, que no investigan, que no se documentan. Eso es ofender gravemente al entrevistado y al público que leerá, verá o escuchará la entrevista. En lo personal yo sí me preparo para una entrevista y busco encontrar esos detalles que le hagan sentir al entrevistado que has hecho tu tarea, que su persona te interesa, que conoces de quien se trata y qué es lo que ha hecho. Eso da abundantes frutos y he constatado además varias veces que esa muestra de respeto es bien agradecida por las celebridades y por quien finalmente recibe el resultado de la entrevista.
Poco a poco fui construyendo una batería de preguntas con un nuevo enfoque, que ahondara más en la manera de ser de Diana y en su manera de abordar sus proyectos y que nos hablara de sus recursos histriónicos. En el inter tuve oportunidad de conversar un par de veces con Diana, vendría también a Monterrey acompañando a su pareja de vida el artista zacatecano Juan Manuel de la Rosa quien presentaría una exposición en la Pinacoteca Nuevo León.
El As bajo la manga
La cita concertada para el CONVERSATORIO era el jueves 31 de mayo de 2018, Diana y Juan Manuel llegarían la tarde del lunes 28 y los días 29 y 30 se dedicarían a entrevistas promocionales con los medios para publicitar sus respectivos eventos. Entre esos tuvimos una rueda de prensa con los reporteros de las televisoras y periódicos locales y se alargó con un buen número de preguntas, de hecho Diana al final comentó: “¡Ya nos dejaron sin temas para el conversatorio!”. Uno de los periodistas entonces comentó: “Seguramente Andrés se sacará un As de la manga!”… En ese momento pensé: “¿Qué tal si mejor saco la baraja completa?” Tenía ahora una buena idea, algo original, divertido y que sería además del factor sorpresa, un buen recurso para hacer de aquello algo más teatralizado que disfrutáramos todos. Compraría un mazo de barajas nuevas y sobre las caras de cada carta pegaría una etiqueta adhesiva en donde escribiría cada pregunta. Traería el paquete guardado en una de las bolsas del saco que usaría para la presentación y durante la introducción a la entrevista contaría la anécdota con el periodista y tras decir: “¿Qué tal si mejor saco la baraja completa?!” sacaría justo en ese momento las cartas, se las mostraría al público y a Diana le explicaría la mecánica de ir haciendo la conversación a como fueran apareciendo las cartas y preguntas y a ver qué sucedería en los 50, 60 minutos que tendríamos por delante?... “¿Cómo ves Diana, intentamos algo un poco diferente?”... Diana respondió: “Me gusta la aventura, ¡acepto!”.
Para darle un toque adicional de interés para el público separé una carta que representaría al As bajo la manga, una pregunta más personal y atrevida que sólo formularía si el público lo pedía al final de la conversación y claro, si Diana lo autorizaba.
Llegada la fecha y hora concertadas, Diana y yo sostuvimos el CONVERSATORIO en el Colegio Civil ante un público que llenó el recinto destinado para el evento. Al inicio debo confesar que sentí nervioso, me preguntaba si todo funcionaría como estaba planeado, repasando los ejercicios de respiración aprendidos en el teatro me tranquilice y pude avanzar
en la charla.
La estrategia funcionó y cada pregunta le daba tema a Diana para explayarse, el público estaba fascinado; el tiempo pareció fluir más rápido y llegó el momento de cerrar el diálogo.
Como remate tenía reservado algo más, un detalle que fuera la cereza en el pastel… No quería caer en las etiquetas y halagos comunes, así que ¿Cómo describirla de tal manera que hablara de sus atributos y que al mismo tiempo fuera mi homenaje original para su persona?
Recordé esa maravilla del diseño y de la ingeniería que es el Cubo de Rubik. ¡Ahí estaba la respuesta! De inmediato compré uno y lo preparé para llevarlo como un regalo sorpresa.
Llegado el momento le dije: “-Diana, quiero que te lleves un pequeño recuerdo de este conversatorio, y creo que sin caer en esos lugares comunes y convencionalismos que tanto detestas, puede además describirte muy bien como actriz, el Cubo de Rubik…
Una sola pieza, capaz de ofrecer muchas caras y prácticamente infinitas combinaciones…
¡Así es Diana Bracho!
Mi eterna gratitud a Diana Bracho por elegirme para este conversatorio y vaya también mi agradecimiento para todo el equipo humano en la Secretaría de Extensión y Cultura de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
La risa a flor de piel...
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